El Cerco de Artajona suele impresionar a quien lo visita por sus murallas y torres, pero pocas veces se percibe la historia que esconden sus piedras.
Origen
Situado sobre una colina estratégica, el Cerco comenzó a tener importancia desde época romana, cuando en este lugar existió un pequeño castellum destinado a vigilar el territorio. Siglos después, con la formación del Reino de Pamplona, Artajona se convirtió en enclave defensivo en la frontera frente a las incursiones musulmanas. En el siglo X se levantó una primera torre de vigilancia desde la que se controlaba el entorno y se comunicaba con otras fortalezas de Navarra.
Sin embargo, el recinto amurallado que conocemos surge a finales del siglo XI. En el año 1084, el rey de Pamplona, Sancho Ramírez, y el obispo, Pedro de Roda, cederán Artajona al cabildo de la catedral de San Sernin de Toulouse. Vendrán unos canónigos que construyeron la primera muralla alrededor del cerro, dando origen al recinto fortificado que hoy conocemos.
El Cerco de Artajona
La fortaleza alcanzó su máximo desarrollo entre los siglos XII y XIV. En el extremo suroeste del recinto se levantó un castillo real, protegido por una gran torre del homenaje de planta circular y rodeado por una segunda muralla interior. Durante mucho tiempo se pensó que el Cerco solo tenía una muralla, pero las excavaciones han demostrado que el castillo estaba defendido por otro recinto dentro del principal, convirtiendo al Cerco en un castillo en el interior de otro castillo.
La muralla actual llegó a contar con diecisiete bestorres, de las que hoy se conservan nueve. Estas torres estaban abiertas por la parte trasera para evitar que el enemigo pudiera refugiarse en ellas si conseguía tomarlas. El recinto se completaba con un foso, barbacanas y tres portales de acceso, de los que aún se conservan los de San Miguel, Remagua y Aizaldea.
Recorrer hoy el Cerco es caminar por uno de los recintos medievales mejor conservados de Navarra, pero también por un lugar que durante siglos fue frontera, fortaleza y refugio. Comprender esa historia cambia completamente la forma de mirar sus murallas.
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